El sector de la construcción atraviesa una realidad con pérdida de puestos de trabajo, paralización de obras y una creciente crisis financiera derivada de la falta de pagos del Estado.
La situación a raíz de las deudas ya está impactando de manera directa en el empleo. De un pico superior a 300.000 trabajadores, hoy el rubro ocupa a aproximadamente 245.000 personas, lo que implica la pérdida de más de 50.000 puestos en los últimos años. Detrás de estas cifras, la afectación alcanza a toda la cadena productiva, incluyendo proveedores, subcontratistas y sus entornos familiares, explicó el presidente de CAVIALPA, Ing. Paul Sarubbi.
El principal problema radica en la deuda que el Estado mantiene con las empresas constructoras por obras públicas ejecutadas, que generó un efecto dominó con empresas que no pueden cumplir sus compromisos financieros, atrasos con proveedores y una progresiva desaceleración del ritmo de obras.
Explicó que las empresas, que dependen en gran medida del financiamiento bancario para ejecutar proyectos, enfrentan además un escenario más restrictivo. Añadió, en entrevista con la 800 AM, que la falta de certeza en los pagos incrementa el riesgo percibido por las entidades financieras, lo que se traduce en menores créditos y tasas más elevadas.
Inversión en pausa y menor previsibilidad
La incertidumbre es hoy uno de los factores más críticos. Empresas del sector han comenzado a frenar inversiones, suspender la compra de maquinaria y reducir la capacitación de personal ante la falta de garantías sobre la continuidad de las obras y el cobro de deudas.
Este escenario no solo afecta al presente, sino que compromete el futuro del sector. La caída sostenida del presupuesto en infraestructura y la falta de previsibilidad podrían derivar en una reducción aún mayor de la actividad, con impactos directos en el empleo y en la capacidad del país para sostener su crecimiento.
La crisis de la construcción no se limita a las empresas. Su impacto alcanza a miles de trabajadores y a una extensa red de actores económicos que dependen de la obra pública.
Además, la falta de inversión en infraestructura representa un freno estructural para el desarrollo del país. Sin rutas, viviendas y servicios básicos, las posibilidades de expansión económica se ven seriamente limitadas.
Resolver esta coyuntura es clave para evitar una mayor pérdida de empleos y sostener toda la cadena productiva vinculada a la construcción. Sin una solución rápida y previsible, el impacto seguirá trascendiendo a otras áreas de la economía nacional.





