El cuidado de la red vial nacional es clave para garantizar la conectividad, la seguridad de los usuarios y la durabilidad de las rutas. Para organizar estas tareas, las Normas y Procedimientos de Mantenimiento Vial clasifican las intervenciones en cuatro grandes categorías: rutinario, periódico, rehabilitación y mejoramiento, y mantenimiento de emergencia.
Mantenimiento rutinario:
Incluye actividades que se realizan una o más veces al año para conservar una vía en estado regular o bueno. Comprende desde reparaciones menores en barandas de puentes, muros de contención y señalización, hasta la limpieza de drenajes y trabajos de bacheo.
Mantenimiento periódico:
Son obras de conservación que se ejecutan en plazos mayores a un año, como la colocación de recapados sobre pavimentos deteriorados. Su objetivo es prolongar la vida útil de la infraestructura antes de que sea necesario intervenir con trabajos más costosos.

Rehabilitación y mejoramiento:
Se refiere a obras de mayor envergadura destinadas a reconstruir o modernizar la infraestructura vial, con el fin de devolverle condiciones adecuadas de servicio. Una vez realizadas, permiten aplicar tareas de mantenimiento menos onerosas.
Mantenimiento de emergencia:
Corresponde a las intervenciones rápidas que se realizan tras desastres naturales u otras situaciones de fuerza mayor. Su propósito principal es restablecer de manera inmediata la circulación vehicular.
Con esta clasificación, el país busca asegurar un sistema vial sostenible, con intervenciones planificadas que respondan tanto a la conservación preventiva como a la atención de contingencias.





