Talavera Ortellado S.A.

Emilio Gill hizo camino al andar

29 Dic, 2022

El gerente comercial ingresó a Roggio hace 38 años como asistente de mantenimiento. Desde entonces, fue acumulando conocimientos y participó de forma activa en el crecimiento de la organización.

Las imágenes son tantas, que los ojos de Emilio Gill brillan de una manera especial. Los recuerdos se presentan en una secuencia que repasa obras, momentos, lugares e historias de muchas personas. El recorrido va directo al corazón y enciende sus emociones, en un camino que comienza en aquel lejano primer día dentro de la empresa, en 1984, cuando ingresó como auxiliar de mantenimiento, hasta su función actual como gerente comercial, con las responsabilidades multiplicadas, el tiempo escaso y el respeto merecido.


En todas las perspectivas, Emilio pinta su mirada con palabras simples que hacen las diferencias grandes. Sobre la mesa de la charla se amigan conceptos que lo movilizan: gestión, solución, confianza, trabajo, honestidad, compromiso, identidad, crecimiento y familia. Habla de proyectos, de procesos, de la responsabilidad de ser un equipo, mientras Roggio es cada vez más importante en el mapa de factores económicos que sostienen el crecimiento del país.

Roggio, capítulo 1

En su estreno, vivió una situación muy particular. “Entré a la empresa el 1 de noviembre de 1984. En esa época, el Día de Todos los Santos era feriado, lo que significa que mi primer día en Roggio fue feriado”, cuenta entre risas por la anécdota. Emilio Gill recuerda que lo contrataron para sumarse al equipo de la obra “Desvío San Bernardino – Caacupé”: el obrador estaba arriba, en una loma, y había que recorrerla. “Me veo caminando para llegar, con todas las emociones del primer día”, dice.
Su foja de servicios indica que había perdido el trabajo que tenía en Asunción, y en Caacupé, de donde era su futura esposa, le comentaron que Roggio tenía una obra. Se hicieron los contactos, lo citaron para una entrevista con el jefe de mantenimiento y surgió la oportunidad de ingresar. ¿Primera tarea? Controlar las horas de trabajo de las máquinas y realizar el seguimiento del mantenimiento de los equipos, para estar atento al cambio de aceite.

La referencia de Pedro Borghetti

Una de las figuras referenciales de la empresa era Pedro Borghetti, una especie de jefe de Producción de Obras en tiempos donde la organización de puestos y funciones era diferente. Tal vez, más artesanal, en una estructura general más reducida que ahora. “Me llamó Pedro y me preguntó si me sobraba tiempo en lo que estaba haciendo, porque necesitaba que le diera una mano en lo que hoy es control de gestión. Me acerqué, aprendí muchas cosas y fui ganando responsabilidades”, recordó.
La presencia de Pedro en la conversación generó un clima muy emotivo, porque Emilio lo tiene presente siempre como mentor, como fuente de inspiración. Después de nombrarlo, le llevó un ratito recuperar la posibilidad de hablar. Buscó la pausa necesaria para respirar profundo, mirar sin ver y encontrar el margen para que la humedad de los ojos se disipara.

El túnel del tiempo

Irse o no, esa es la cuestión. “Una vez me hicieron una oferta para ir a otra empresa, como capataz de obra. Necesitaba decidir y hablé con el ingeniero Oscar Franco, quien me ayudó a ver que el ofrecimiento era para trabajar en algo que no era lo mío. ‘Te espera otra cosa’, me dijo. Y acá estoy”.

El asistente. “Cuando el ingeniero Oscar Franco se reincorporó a Roggio me ofreció trabajar como su asistente. Un tiempo después, Oscar se fue a otra empresa para trabajar en un consorcio con unos españoles, y fui con él. Pero un año y siete meses después, el ingeniero volvió a Roggio como gerente general. Seguimos trabajando juntos, ya en Asunción”.

Coordinador. “Oscar generó un cargo para mí: coordinador de la empresa. Era algo en lo que ya estaba trabajando, pero a partir de la creación de ese espacio, mi tarea tuvo un marco. Me tocaba estar en contacto de todas las necesidades, coordinar el trabajo en equipo y buscar un equilibrio. Fue un proceso que llevó 20 años que luego derivó en lo que hoy es la Gerencia Comercial, que también incluía los contactos políticos y comerciales dentro de las actividades. Puedo decir que fui creciendo y abriendo caminos”.

¿Abajo del escritorio? 
Emilio Gill recuerda que Roggio tenía una estructura más chica y les tocaba hacer varias cosas. Entre las que estaban en su radar, se destacaba golpear todas las puertas necesarias en el MOPC: ahí lo esperaban las gestiones ante los problemas, cobranzas, cambios de proyectos, seguimiento de expedientes… “Hace como 20 años, el director de Vialidad me dijo: ‘Emilio, cuando llego cada mañana, reviso a ver si no estás debajo de mi escritorio”, comentó entre risas.

Cavialpa. “Con Oscar Franco fundamos Cavialpa y fuimos mejorando la relación con los colegas para generar confianza y empatía. Ahí llegué a ser presidente en dos períodos. Estuve en el asado que se hizo en un taller cuando se fundó, y estoy hoy, en que la situación es otra y la organización goza de muy buena salud”.

Roggio a través del tiempo

Emilio piensa. La pregunta indaga sobre qué versiones de Roggio vio a lo largo del tiempo, entre los orígenes artesanales y el mundo profesional de hoy. “Con Oscar Franco, lo primero que hicimos fue consolidar a Roggio como una empresa paraguaya, con identidad propia, más allá de los orígenes en Argentina y del apoyo que siempre tuvimos. Advertíamos la necesidad de ser nosotros mismos para desprendernos de la tutela y fortificarnos con nuestra manera de trabajar”, subraya.

Una cuestión estratégica para lograr ese objetivo fue transformar a las firmas locales, que eran competidoras, para alinearlas como aliadas y transitar, todas juntas, el proceso de crecimiento.
Entre todos los factores que influyeron para dar el paso hacia la autonomía, Emilio Gill elige citar a Itaipú Binacional como trampolín para lograr la independencia, en 1993 o 1994. “Desde esos contratos comenzamos a trabajar solos o asociados con paraguayos. Generamos empatía con otras empresas, que veían en nosotros las capacidades para liderar la evolución. Fue la maduración para adaptarnos definitivamente a la realidad de Paraguay”, reflexiona.
La cuestión es ¿se aprende más en los errores o en los aciertos? Emilio remarca que es amplio, pero prefiere detenerse en la oportunidad de gestionar cambios a partir de los aciertos, porque rompe límites. “Cuando comprobamos que sí podíamos hacer las cosas, hubo cambios importantes”, resalta.


Ecos


Futuro.
 “Nos asociamos a empresas que tenían respaldo, por ejemplo, en obras eléctricas. Ya no solo con las de especialidad vial: aprendimos y seguimos adelante. Lo eléctrico es uno de los frentes que auspicia un gran futuro”.

Triunfos. 

“Nunca le decimos que no a las posibilidades de negocios. Aprendimos que los triunfos son momentáneos y siempre debemos ir más allá. Nos sentimos ‘realizados’ cuando comprobamos que Roggio es una empresa con identidad paraguaya”.

El celular. “Con el tiempo, uno aprende a reservar un espacio para la familia, aunque es difícil cortar del todo con las responsabilidades. Roggio es una parte fundamental en mi vida, pero aprendí a silenciar el celular y despegarme un poco del teléfono, o apagarlo… aunque siempre lo reviso para ver si hay algún tema que no puede esperar”.

Caminos que se abren

Ir al gimnasio y jugar cada tanto al tenis, se suman a la terapia de salud que se refuerza cuando evita los noticieros y los programas de televisión que generan angustia y preocupación. Cuando lo logra, el gerente comercial vuelve a ser Emilio, el esposo de Miryam, papá de Sebastián (33 años) y Mauricio (33) e hincha de Olimpia, que renuncia a todo cuando en su universo se presenta Valeria, la nieta que gobierna su corazón.

Emilio Gill dice que la familia lo contiene, lo calma y le devuelve la paz para arrancar de nuevo. Orgulloso, cuenta que desde Roggio “cada vez me llaman menos”. No es porque haya dejado de ser importante, sino que hay gente que se ocupa de cada tema y eso habla bien de Roggio como organización.

Entonces, saluda desde una de sus convicciones: “Las ideas de liderazgo, responsabilidad y superación no cambian, pero hay que adaptarse a los tiempos que corren porque es necesario comprender a las nuevas generaciones. Debemos trabajar y ser una guía para los jóvenes, desde la motivación y el respeto para que se sientan cómodos con lo que hacen”.

Lo firma Emilio Gill, el asistente de mantenimiento que llegó a gerente comercial abriéndose camino desde la cultura del trabajo.

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