En un contexto donde construir ya no alcanza, la modernización se vuelve imprescindible para responder a las nuevas demandas de movilidad, y este desarrollo en infraestructura vial solo puede avanzar si la política acompaña, así lo recordó el Ing. Adrián Nosetti, profesional argentino especializado en ingeniería vial.
El punto de partida es visualizar las tecnologías de última generación, entendiendo que cada zona tiene características, materiales y problemáticas distintas, señaló el Ing. Adrián Nosetti, y explicó que las condiciones hidráulicas, la variabilidad climática y la disponibilidad de recursos locales obligan a pensar en soluciones específicas, no en recetas importadas.
“La tecnología no debe limitarse al diseño de nuevos pavimentos, también implica desarrollar sistemas de diagnóstico que permitan saber cuándo intervenir y cómo hacerlo. Uno de los pilares es la implementación de tramos experimentales, espacios controlados donde las técnicas pueden probarse, documentarse y adaptarse al entorno real. Si un tramo falla, no es un problema: es un aprendizaje”, insiste el Ing. Nosetti.
En este contexto, señaló que los caminos rurales pueden beneficiarse de estas herramientas. Con la formación adecuada, es posible identificar soluciones específicas para cada territorio y potenciar así su aporte al desarrollo económico.
“Los caminos rurales son arterias que dan oxígeno al Producto Interno Bruto”, remarcó y recordó que el progreso no se construye solo con asfalto, sino también con la interacción entre conectividad vial, energía y comunicaciones.

Acompañamiento político e institucional
“Los ligantes bituminosos, el reciclado de materiales, las técnicas de estabilización y las soluciones basadas en economía circular ya muestran resultados prometedores en la región, pero requieren sostenibilidad institucional para convertirse en políticas permanentes”, puntualizó.
Este enfoque solo funciona con un compromiso articulado entre empresa privada, academia y Estado. La experiencia demuestra que cuando estos tres actores cooperan, la innovación tecnológica avanza más rápido y se integra al sistema vial con mayor eficacia.
Enfatizó en que no se pueden tomar decisiones sin sustento técnico, y cuando la política acompaña, los procesos se actualizan con mayor agilidad y rigor. Ese vínculo virtuoso entre conocimiento e institucionalidad permite diseñar programas viales de largo plazo, con horizontes de al menos diez años, evaluaciones continuas y planes de mejora sostenida.
Finalmente, indicó que el país que logre integrar tecnología, experimentación, gestión y políticas de largo plazo no solo mejorará sus caminos, impulsará su competitividad, reducirá costos, fortalecerá el desarrollo rural y construirá una red vial preparada para los desafíos del futuro.





